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El último aventurero romántico

A profile in Spanish from El Pais. The Spaniards appear to have a great interest in Paddy and his works, possibly encouraged by the translations of Dolores Payás, the author of Drink Time! which many of us enjoyed last year.

By Jacinto Antón

First published in El Pais, 3 July 2013

Es el efecto que provoca el recuerdo del viejo aventurero romántico, ¡diablo de hombre! Mientras hablamos de sir Patrick Leigh Fermor (Londres, 1915- Dumbleton, 2011) evocando sus hazañas, sus líos de faldas, sus viajes, la belleza de sus escritos, sus grandezas y debilidades, la admiración y, sí, el amor, que sentíamos por él, su amiga y biógrafa Artemis Cooper se pone de pie extemporáneamente y se pone ¡a bailar una danza griega! Yo diría que un sirtaki.

La escena resulta inesperada y sorprendente en esta tarde londinense en la pequeña librería Nomad Books de Fulham, donde tomamos los dos un té en tazas con portadas de Penguin rodeados de libros y silencio. La librera y los demás clientes nos miran con disimulo. La historiadora y editora Artemis Cooper, autora de la extraordinaria biografía Patrick Leigh Fermor, una aventura, recibida con unánimes elogios en Reino Unido y recién aparecida en España (RBA), es bien conocida en el barrio, donde vive con su marido, el célebre historiador militar Antony Beevor (inmerso, por cierto, en la batalla de las Ardenas), y su arrebato es recibido con británica flema. La observo danzar aferrado a mi cuaderno de notas, sin saber si he de sumarme al baile.

Hablábamos de la vitalidad de Leigh Fermor, el sensible y curioso adolescente que cruzó Europa andando en los años treinta, codeándose con aristócratas y domadores ambulantes de osos, el oficial de inteligencia, el valiente soldado de operaciones especiales que secuestró en un golpe de mano audaz al comandante de las tropas nazis en Creta, el guapo amante que conquistó a tantas bellas mujeres, el refinado, culto y políglota escritor que nos ha dejado libros tan hermosos como El tiempo de los regalos, Mani, Roumeli o Un tiempo para guardar silencio, el filoheleno émulo de Lord Byron que rescató las zapatillas del poeta y cruzó nadando el Helesponto a los 69 años. “Al entrar él en una habitación, todo el mundo se sentía más vivo, ligero”, recordaba la escritora. “En Atenas, cuando era pequeña, íbamos por las tardes a las tabernas y él hablaba con la gente, y pasaban cosas. Empezaba a cantar, canciones griegas que interpretaba de manera fenomenal. Y se ponía a bailar. Bailaba maravillosamente”. ¿Como Zorba?, le he preguntado interrumpiendo sus recuerdos. “Exacto. Mejor. Anthony Quinn bailaba de manera algo dejada, abandonándose. Paddy era más decoroso. Sus movimientos, majestuosos, enérgicos”. Y es entonces cuando Artemis Cooper, una mujer madura (1953), atractiva, culta y de refinada elegancia –no en balde, nacida como la honorable Alice Clare Antonia Opportune, es hija del segundo vizconde Norwich y nieta de Lady Diane Cooper– , ha retirado su silla con resuelta determinación, se ha levantado y ha ejemplificado cómo danzaba Leigh Fermor poniéndose ella a bailar. Observo que calza deportivas.

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